Ahora en mARTadero.org (27/04/2012)

:::ZON[A]ndo EN LA OTRA VEREDA:::

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Fecha: sábado 12 de mayo
Hora del evento: 19:00 - Costo: 15 pesits

RAMIREZ NEIRA (Chile) y MOSCARDÓN BANG
c/ S.A.E.D., Odd Culture e Hipnomuppets

Queda abierta la invitación a cruzar a esta OTRA VEREDA a todo músico y/o melómano interesado en escuchar el folk ambiguo que coquetea con el punk, la psicodelia y el rock progresivo de Ramírez Neira y Moscardón Bang, acompañados de S.A.E.D., Odd Culture e Hipnomuppets, este 12 de mayo de 2012 desde las 19 horas en mARTadero.

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Crónica de ZON[A]ndo Tribal: Metallica es metal (por ende tribal).

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Metallica es metal (por ende tribal)

Empezaré esta crónica indicando que no me gusta el metal. Cuando tenía quince años intenté encontrarle el sentido, pero el resultado fue infructuoso. Así que cuando veo esas melenas moverse de atrás hacia adelante y lanzar gritos procedentes del averno, tomo mi pilfrut rápidamente y me alejo del lugar.

Tambien indicaré que para realizar esta crónica, dedicada al metal-tribal realizado en el marco del ZON[A]ndo, fui seducido por una cerveza fría, que al final se convirtió en una cerveza compartida con dos tipos que ni siquiera conocía; pero a cerveza gratis no se le hacen objeciones.

El evento empezó a las nueve de la noche y el escenario estaba acorde al contexto: demonios monstruosamente dibujados en los costados, el cráneo de un toro suspendido en medio de la escena y una pantalla que mostraba videos de tribus africanas en su cotidiano vivir —tal vez este último punto debió ser más trabajado por la producción. Tribal. Por ahí no faltaron algunos comentarios del porqué del nombre del evento. No siempre lo que está en el afiche se entiende a cabalidad sino lo que se ve en el acto.

La primera banda en realizar su presentación fue Carpe Diem que en un principio se lanzó con un tema instrumental para posteriormente ir presentando composiciones propias y algunos covers; el sonido desde mi ubicación —en el extremo opuesto al escenario—no era de los mejores; la voz de Ronald, el vocalista, se perdía entre el demoledor sonido de la batería; "¿será que andaba muy resfriado?" me pregunté, afortunadamente el tipo con quien compartía la cerveza y sabía algo más de estos asuntos me indicaba que, aparte del resfrío del vocalista, los parches sonaban saturados.

Hablando un poco más sobre la banda ¿A qué suena Carpe Diem? Hard rock de la vieja escuela con tintes punk, más de una vez se escuchó el riff acelerado que de alguna forma hacía recordar a unos Ramones con el volumen de sus guitarras subidos al máximo. Todo esto en envuelto en el manto del Trash, para el beneplácito de los asistentes. Hasta ahí lo positivo de una banda que poco a poco se va sumando al ruedo musical después de incorporar a dos nuevos integrantes en bajo y guitarra y que busca encontrar su propio sonido.

Lo negativo vino a la hora de realizar los amados/odiados covers. Realizarlos es un recurso habitual para que el público —que en un principio se mostró apático— entre en calor y se conecte con la banda. El grupo elegido para este fin: Metallica ¿es requisito que toda banda de metal haga un cover a Hetfield y compañia? Desconozco las reglas del heavy, pero es muy posible que sí, lamentablemente sí.

Hagamos covers, perfecto, pero no de los mismos de siempre; y si no podemos evitarlo busquemos canciones no tan conocidas, ya que pese a la ejecución a cabalidad de Carpe Diem el público no se inmutó demasiado, es más, alguno se atrevió a lanzar algún insulto, o a pedir sangre -textual- como alusión a las dos o tres personas que modestamente intentaban hacer mosh .

A segunda hora se presentó Progresick, que ni bien iniciada su presentación declaró la muerte a los tributos e interpretó composiciones propias buscando "reacciones y emociones" de parte del público, algo que se fue dando tímidamente a medida que se sucedían los temas compuestos por el grupo. La cereza sobre la torta llegó cuando se invitó al cantante de Carpe Diem para realizar algunos temas ¿Qué temas? Covers, sí, los mismos que en un principio habían sido desterrados a los confines más alejados, y es en ese momento en que todo se hizo monótono y de alguna forma predecible ya que interpretaron a Metallica —para variar— Judas Priest, Black Sabath y Angeles del Infierno. La vieja escuela presente con los mismos viejos temas de los cuales ni ellos pueden liberarse: enter sandman, breaking the law, paranoid y moriré con las botas puestas fueron los elegidos. A Satán no le gustan los viejos covers.

Tres cervezas después y ya sin compartirlas con nadie, hizo su aparición Agoriz y mis expectativas eran pocas o nulas después de lo ocurrido. La banda liderada por Manuel Rocha hizo una buena lectura del ambiente, todos querían agitar sus melenas y hacer cuernitos con la mano, se pedía mosh y la banda propició el vehículo ideal para ello con antorchas en escena y composiciones propias, próximas a lanzarse en un EP. Agoriz se enmarca dentro del Hybrid Metal —¿un nuevo término musical?— ya que en ella se conjugan varios estilos e influencias.

La puesta en escena incluía a dos encargados de la percusión, lo cual permitió en gran manera conseguir una mejor respuesta del público asistente que se levantó de las mesas o despertó de su letargo etílico —incluido este cronista— que se situó cerca a la banda para el clásico ritual de empujarse unos a otros hasta el cansancio o hasta que el cuerpo aguante. La euforia crecía con cada tema. Satán sonreía y movía los pies al compás de la doble batería. Para finalizar y en medio de los pedidos de una canción más, la banda se despidió con Benevolente, primer single del anhelado EP que la banda anunció para junio. El segundo ZON[A]ndo terminaba y de esta forma las tribus volvían a su oscuro territorio.

Aún conmocionado tras haber escuchado a Agoris, terminé la noche en un boliche tomando caipiriñas y cantando canciones de Coldplay hasta desgañitarme. Y es que después de visitar el inframundo, lo que único que necesitas, es una voz cálida que te diga we live in a beautiful word.

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Crónica de ZON[A]ndo Tribal: Del metal y la gradualidad de su invierno.

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Del metal y la gradualidad de su invierno

Cómo comenzar a escribir sin pensar en el invierno. Cuando llegué iban a ser las nueve de la noche, lo primero que hice fue buscar un rostro conocido pero no encontré a nadie y me quedé apoyada en la pared, como si el soporte que nos da la compañía fuese algo que pudiésemos evadir. Sin embargo, no podría negar la tranquilidad que trae la soledad cuando uno mismo la escoge.

No pasó mucho tiempo hasta que llegaron mis amigos y pudimos unirnos en una mesa. Nada es mejor que un concierto acompañado de melómanos que a pesar de todo, están a la expectativa de la siguiente canción.

Comienza la primera banda y las luces juguetean rozando el cráneo de algún animal que adorna el centro superior, éste cuelga sucedido de garfios e iconografías alucinantes y alucinadas a los extremos del escenario. Al lado hay una proyección de tribus y entrando, de frente, dibujos artísticos en claroscuro y color. Tal vez por la fiebre que tenía ese día, son las imágenes más surrealistas que vi.

La organización es buena como la calidad del sonido. Me acerco a ver a los integrantes de Carpe Diem y son todos jóvenes. A medida que pasa el tiempo algunos se animan a moshear con Agoris. Aunque me pregunto por qué no veo mujeres con bandas metaleras, sé que las hay. Sin duda lo mejor de todo fue ver llegar a uno de los músicos junto a sus padres y abuela. Todos nos preguntábamos cómo se sentían ante los guturales y bajos transgresores que hacían retumbar las cabezas.

El aire frío viene a mi mente cuando pienso en metal, en el misterio nórdico, en los bosques, son bosques metaleros, en Death, Varg Vikernes, Burzum, Dimmu Borgir, el silencio de Mustis y la música consciente de que la luz dura pocas horas, igual que todo.

Hay libros de cartón sobre la mesa en los que reconozco dos nombres de grandes amigos, miro nuevamente las proyecciones y veo las tribus, me explican por qué escogieron un tema "tribal" para el concierto, entonces todo fue cobrando sentido como si metiera la mano en un guante que encaja a la perfección: llegué y traté de encontrar compañía, las bandas que tocaron se unieron para poder lograr sacar adelante un concierto, la familia que llega a ver la presentación de su hijo, dos bateristas coordinando. Realmente estamos aquí, en una sociedad en la que a veces acepta una convención para juzgar al otro, aunque en alguna ocasión eso cambia, quizá esas son las mejores veces.

Nuevamente me siento extranjera en un concierto de metal y es bueno, porque esa condición es la que permite observar algunas cosas desde otro lugar para que cuando una canción nos haga sentir bien podamos, por lo menos un instante formar una casa ahí, donde todo consiga un engranaje que de una tregua a estar siempre en busca de algo.

Hoy, que pasaron días desde que fui al concierto, pienso en las bandas, eran jóvenes, un intento de tocar metal, black….core, doom, no lo sé pero desde las tribus hasta ahora que mucho y poco ha cambiado llegamos donde estamos intentando, intentando. Escucho Illa Tiðandi de Burzum y casi siento cómo el invierno se acerca gradualmente. El mar metalero se congela en los lugares nórdicos y aquí, el viento sopla implacable sobre el altiplano. Los empedrados se enfrían y algunos caminantes se animan a pasear por las calles angostas de la ciudad.

Por Anahí Garvizu
Poeta repertoriada en la antología poética f/22


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